Maneras de ser budista
Los cristianos suelen tener sus pasajes bíblicos preferidos y sus plegarias predilectas, tal vez llevar consigo un rosario, una estampita o una imagen de Cristo que los acompaña; cada uno tiene su manera propia de adorar a Dios, cada cual tiene su versión privada del cristianismo. Para algunos, la fe se expresa en un gesto sencillo, como persignarse al pasar frente a una iglesia o llevar un crucifijo al cuello. Otros practican su devoción asistiendo a misa todos los domingos, rezando al despertar y antes de dormir, o estudiando sistemáticamente la Biblia. La mayoría de los cristianos tratan de vivir de acuerdo a una ética expresada en la regla de oro: tratar a los demás tal y como uno desea ser tratado.
Algo semejante ocurre entre los casi quinientos millones de budistas del mundo. Más allá de la rama o tradición del budismo a que pertenezcan – con sus diferentes enfoques, métodos y filosofías para alcanzar la iluminación o acumular mérito para un mejor renacimiento – los laicos budistas en su vida cotidiana adoptan múltiples formas de expresar su fe. Algunos practicantes prefieren las recitaciones con su mala (rosario); otros centran su devoción en imágenes de Buda o en rituales tradicionales; algunos se guían por distintas técnicas de meditación transmitidas desde generaciones pasadas; otros peregrinan a lugares sagrados vinculados a la vida del Buda. Pero casi todos comparten el propósito de vivir conforme a ciertos principios éticos atribuidos al Buda: evitar dañar a otros, obrar con honestidad, moderar los impulsos y cultivar una mente clara.
En Occidente se ha vuelto habitual asociar al budismo casi exclusivamente con la meditación. Sin embargo, esta idea es parcial. La realidad es que la mayoría de las tradiciones budistas —en Asia y fuera de ella— pone el acento en la ética, los rituales y el apoyo comunitario, y solo una minoría, especialmente dentro de la vida monástica, dedica una porción considerable de su tiempo a la práctica meditativa formal. En las últimas décadas la meditación ha cobrado un notable auge entre practicantes laicos, tanto en Oriente como en Occidente. Aunque buena parte de ese auge está mediado por formas secularizadas o descontextualizadas de la meditación, estas no conforman una moda sino una reinterpretación que se suman al gran abanico de maneras de ser budista.

